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¡Bienvenido, Tomás Hijo!

Álbumes, narrativa adulta e infantil, cómic, storyboards, interactivos, exposiciones, obra original en algún que otro museo... Tomás Hijo es ilustrador, escritor, editor, profesor, cineasta en su primera juventud (aunque se haya asegurado de no dejar rastro en Youtube)... Gran parte lo resume con un humilde "hago libros". Conversamos -con buenas dosis de retranca castellana- con este creador inquieto sobre sus mil facetas, algunas no muy conocidas para muchos... Como decimos siempre, Tomás, gracias por confiar en nosotros y bienvenido a tu casa.
Profesor en la Universidad de Salamanca (una de las más antiguas de Europa)... Eso impone. ¿Nos da permiso para tutearle?

¿Cree usted que esta es forma de empezar una entrevista? A ver: Nombre, apellidos y número de lista.

Ilustrador, escritor, editor, profesor, cineasta... ¿Te consideras un artista poliédrico o, hablando claro, un culo inquieto?

Lo de "culo inquieto" lo he escuchado por ahí alguna vez, pero yo me veo más bien como un pluriempleado. De todas formas, si vamos reduciendo la fórmula, veremos que los tres primeros elementos se pueden resumir en el "hace libros" que he usado alguna vez. El trabajo de profesor también tiene mucho que ver con eso: doy clase de ilustración, así que todo queda en el mismo territorio. Falta lo de "cineasta", pero no es más que un capricho juvenil del que estoy retirado aunque, la verdad, hice cosas formidables que, mira tú, no están en YouTube.

De todas esas facetas, ¿cuál fue la vocación primigenia?

Siempre he escrito e ilustrado. En el colegio ganaba el concurso de dibujo y el de redacción. No sé que les parecería a los compañeros. Nunca me dijeron nada.

¿Por qué ilustrador?

No lo sé muy bien, la verdad. Supongo que tiene que ver con la imposibilidad de la satisfacción plena, con las infinitas posibilidades de exploración, con el contacto con textos (sean propios o ajenos), con la adicción al libro como objeto, con la dificultad técnica, con el silencio mental. También está el hecho de que este mundillo está lleno de gente estupenda.

Un clásico de estas presentaciones es pasar por el apuro de definir el estilo propio... Adelante, por favor.

Imposible. No sé si tengo. Lo que sí tengo, claramente, son unas preocupaciones constantes: que el dibujo sea sólido, que las formas sean vigorosas, que los colores sean potentes pero no circenses (yo me entiendo), que haya cierto juego con el texto, que no haya estereotipos gráficos, que el resultado general sea simple pero que haya detalles que enriquezcan, que la composición sea neta.



Has publicado varios libros de leyendas, ¿dónde nace este interés? ¿Qué encuentras en ellas?

Mi abuelo materno era un genio contando historias; la mayoría, leyendas y anécdotas de la ciudad en que vivíamos. Era emocionante pasar junto a un lugar y saber que no había sido siempre así, que allí habían sucedido hechos maravillosos. Eso me sigue pasando. Además, como son historias pulidas por el boca a oreja, suelen ser magníficas.

...Y proporcionan un material estupendo para dibujar...

Supongo que sí, si lo que te gusta es dibujar fantasmas, caballeros, brujas, fieras, demonios y, por decir algo, serpientes con cabeza humana capaces de matar con la mirada. Está el problema de los caballos, pero con un poco de práctica terminan saliendo bien.

Colonizados por la cultura anglosajona, los más pequeños conocen de memoria las historias de Sleepy Hollow o les suenan más las brujas de Eastwick que las de Zurragamurdi. ¿Hemos perdido nuestras tradiciones?

Las tradiciones hay que mantenerlas, y aquí poco se ha hecho por ello desde Bécquer. Los anglosajones (y los escandinavos, y los japoneses) siempre han mirado las leyendas como un material digno y atractivo, y están orgullosos de ellas. Aquí somos unos maestros en poner etiquetas y decir que esto o lo otro es friki o tradicionalista o yo qué sé. Hemos perdido mucho, y nos lo merecemos. No me quiero enrollar, pero aquí hay mil cosas como Sleepy Hollow, pero pocos Irving, Rackham, Disney o Burton que vayan actualizando la historia. Y que lo hagan tan bien.

Tan experto te has convertido en estos asuntos, que prensa especializada como el programa de televisión Cuarto Milenio recurre a ti...

Sí, pero me estoy quitando también de la farándula. Es imposible dejar claro que uno va a esos lugares a contar historias curiosas y viejunas, no a contar sus experiencias ni sus creencias. Cada vez que aparezco, me para por la calle alguien al que se le aparece su difunta abuela o que está preocupado por el chip que los alienígenas le han implantado en una costilla flotante (caso real). Y esto que parece tan gracioso, en realidad, no lo es.



Otra faceta es tu pasión por el cómic. De hecho, recientemente ganaste un runner-up (accésit) en el concurso internacional –convocado por Multiversity Cómics en Los Ángeles– que conmemora el 20º Aniversario de Hellboy –popularizado por las adaptaciones cinematográficas de Guillermo del Toro–.


Yo me metí en todo esto por los comics, y he coleccionado y leído muchísimos, pero ahora he perdido el hilo. Compro cosas sueltas pero, eso sí, no me pierdo nada del material de Hellboy que va saliendo. Mike Mignola, el creador y dibujante principal, es lo más cercano a un ídolo que puede tener un tipo de mi edad: es un maestro de la narrativa y de la gráfica y maneja precisamente las leyendas como materia prima de sus historias. Lo que me llamó la atención del concurso de Multiversity Comics era que el ganador lo elegía el propio Mignola. Llevarme uno de los dos accésit fue emocionante.

Por cierto, las películas de Del Toro sobre Hellboy me parecen una castaña. Como la de los robots gigantes, igual.

A propósito de Hellboy, ¿qué se siente al recibir los elogios del mismísimo Mike Mignola, creador del personaje y dibujante principal de la serie, por las piezas que expones en la Hero Complex Gallery de Los Ángeles con motivo de esta celebración?

Mignola me hizo el mejor cumplido que se le puede hacer a un artista: comprar su obra. Mike se llevó a casa una ilustración de gran formato que hice para la exposición. También me dijo otra cosa emocionante: a su esposa le gustaba el cuadro tanto como a él. ¡Gran tipo!



También te has hecho un nombre fuera de España con tus ilustraciones del universo de Tolkien...

Me gusta mucho lo fantástico y hace un año, más o menos, hice otra de esas ilustraciones de gran tamaño, esta vez sobre la Batalla de los Cinco Ejércitos, que es la escena cumbre de El Hobbit. Fui poniendo el proceso en Facebook y pasó una de esas cosas que uno cree que sólo le pasan a otros: se lió una muy gorda. De repente había cientos de personas interesadas. Me llegaron encargos de museos y particulares, invitaciones a convenciones llenas de gente disfrazada... Desde entonces he seguido haciendo cosas. Mucha diversión, un trabajo muy libre y un campo de pruebas estupendo para probar técnicas. Tengo una tienda online donde pueden verse estas cosas.



Y esto lo combinas con la literatura infantil y juvenil, campo en el que, entre otros muchos títulos, has ilustrado un Premio Barco de Vapor (El secreto del huevo azul, de Catalina González Vilar)... Como dicen los actores, una de las virtudes de esta profesión es habitar infinitos universos, ¿verdad?

Sí. Hay un momento de magia ahí, cuando te zambulles en el texto de otro y tratas de verlo, de encontrar la forma de trabajar con él.

En todos estos campos pruebas un montón de técnicas, desde el grabado al digital...

Tengo una Cintiq y, al lado, una caja llena de gubias y formones de grabado. Hay algo épico en quitar virutas del teclado del Mac para empezar a trabajar con él.
 
Conoces bien el papel del editor. No en vano fundaste hace unos años tu propia editorial, Tatanka. ¿Por qué te metiste en este berenjenal?

Quería conocer todo el proceso. Había ilustrado y escrito libros; hasta había maquetado algunos, así que lo lógico era tratar de gestionar algunos proyectos completos. Además, quería publicar cosas de amigos y de gente con la que me apetecía trabajar.



Volviendo a la docencia... Impartes la asignatura de Ilustración en la Universidad de Salamanca. ¿Esta vertiente te ha dado otra visión de tu trabajo?

Sí. Por un lado, la necesidad de proporcionar a los alumnos un marco histórico y conceptual coherente me ha hecho indagar en lugares a los que no hubiera llegado por mero interés profesional. Además, al dirigir y coordinar trabajos de otros, se ven claros los problemas y dificultades, que pueden ser de tipo artístico o de carácter personal. El ayudar a resolver esos problemas me ayuda a reconocer y superar los míos.

¿Cómo ves a los nuevos ilustradores? ¿Qué les recomiendas?

Tengo unos ciento cincuenta alumnos al año, así que tal vez mis opiniones tengan cierto valor estadístico. En general detecto cierto menosprecio por el dibujo como herramienta fundamental de la ilustración, como si el esfuerzo de dominarlo no mereciera la pena. Es un gran error, como lo es pensar que las herramientas digitales suplirán esas carencias. También suele darse, cosa curiosa, una mezcla de inseguridad e incapacidad para asumir las críticas e incorporar sugerencias. Y, claro, está la lacra del manga. Hay manga bueno, por supuesto, pero... vaya, me he quedado sin espacio en esta respuesta, ¿verdad?.

Más de una vez, hemos comentado el desconocimiento de las generaciones precedentes de ilustradores. Parece que ésta es una profesión que constantemente se refunda...

Sí, es increíble comprobar cómo se siguen presentando proyectos con ideas supuestamente innovadoras que ya se pusieron sobre el papel en el siglo XVII o el uso de técnicas inéditas que ya se emplearon hace doscientos años. Eso sólo puede evitarse conociendo la historia de este oficio. Como dijo Eugenio d’Ors, "todo lo que no es tradición, es plagio".

Trasteando en Google, te hemos encontrado en IMDb como director, guionista y actor de varios cortometrajes. 

¿Actor? No (algún cameo, nada más). ¿Y no habéis visto lo de story artist? ¡Eso sí que es un currazo!

Acabamos, casi sin resuello, ¿de dónde sacas tanto tiempo? Y, sobre todo, ¿qué desayunas?

Saco el tiempo de dormir poco y casi nunca desayuno. Hábitos poco saludables, pero qué le voy a hacer.



En dos palabras o casi...


En tu mesa de dibujo no falta... El cuaderno de bocetos.

Tres cosas que haces antes de ponerte a dibujar... Mirar Facebook, poner un podcast (o un audiolibro), mirar Facebook otra vez, por si acaso.

Un personaje literario...  Charles Ann Mathieu Guenolé de Crozon, sochantre con menores de Pontivy.

¿Y del mundo tolkiniano? Sam, el verdadero héroe de El señor de los anillos.

Te vemos un tipo entendido, ¿Star Wars o Star Trek? ¿Qué mola más, "Yo soy tu padre" o "Telepórtame, Scotty"? La  duda ofende.

Una inspiración... Los dibujos de mi hijo de seis años.

Una canción para trabajar... No escucho música mientras trabajo. De hecho, nunca escucho música por propia iniciativa.

Si estás leyendo algún libro ahora mismo, ¿por qué página estás? 316.

Y no estaría mal decir el título...  Es una antología de Sherlock Holmes.

Una buena ilustración tiene... Que impactar a los ojos, al corazón o al cerebro. Y, en el mejor de los casos, debería puntuar en más de una categoría.

¿Tu primer libro recordado? Óscar, espía atómico, de Carmen Kurtz. Fantasía infantil bastante cañí, por lo que recuerdo.