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¡Bienvenido, David de las Heras!

David de las Heras es un artista plástico en todos los sentidos. Su inagotable sed se nutre de más fuentes que el Nilo: del cine de Fellini a las pinturas de Hopper con afluentes en las viñetas de Sempé, las instalaciones de Bowen o los escritos de Camús. Dominador de un amplio surtido de técnicas, no pierde personalidad en unas imágenes plenas de atmósferas. David, gracias por confiar en nosotros y bienvenido a tu casa.
El primer flechazo fue la pintura...

Empecé a profesionalizarme con ella. Era el medio con el que me sentía más cómodo y con el que mejor podía expresar lo que quería, pero tengo que admitir que el primer flechazo lo tuve con el cine... Imagen, sonido, música, tiempo, todo unido para que lo podamos contemplar... Fue un flechazo y, al final, un desamor. Entendí que cada uno tiene que encontrar el mejor medio con el que expresarse y tiene que aceptar  sus propias limitaciones. La pintura fue una especie de salvavidas que agradecí mucho.

De Portugal a Alemania, has viajado de exposición en exposición. ¿La imagen como lenguaje universal?

Sí y, sobre todo, ahora cuando el mundo esta más globalizado a causa de internet. Con lo bueno y lo malo que eso tiene: bueno por la accesibilidad que te da para conocer muchos tipos de lenguajes visuales, pero malo si te olvidas de tus propias particularidades por el entorno donde has vivido.

Y como otros artistas, saltaste a la ilustración. ¿Qué te motivó?

Querer cambiar de aires y de maneras de comunicar. La ilustración me daba la oportunidad de enfrentarme a nuevos retos a la hora de crear; por ejemplo, a diferencia de la pintura, el ilustrador tiene que tener siempre en cuenta a quién va dirigida la imagen. No es tan introspectiva como lo pueda ser la pintura.

¿Qué opinas de la presunta dialéctica entre ilustración y pintura? ¿Alguna síntesis?

La dialéctica que existe entre la ilustración y la pintura sólo la concibo en el aspecto formal y técnico. La pintura técnicamente te ofrece un abanico muy amplio de posibilidades. Según qué tipo de pinceladas utilices puedes decir una cosa u otra. Creo que es muy importante la forma en una ilustración, no solo el contenido o la idea, sino el cómo muestras ese concepto. Cada idea tiene su mejor técnica para construirse, hay que saber encontrarla.



A propósito de la relación de la ilustración con el texto, topamos con muchas referencias literarias en tu obra pictórica: Sartre, Kafka, Rodari...


Es maravillosa esa dialéctica entre un cuadro y un texto. Un día lees "en medio del invierno descubrí que había en mí un verano invencible" y, gracias a esa frase de Camus en tu cabeza, se construye ese verano invencible y ese invierno, y ya sólo importa el poder llevar al papel -o donde sea- ese verano y ese invierno que has hecho tuyo.

"No importa lo que haga, que siempre deja su sello, un sello que sin duda no se queda en la mera estética. Si levantásemos la pintura del papel o la tela, saldrían de ahí cientos de monstruos, mariposas, pájaros y personas. No es difícil percibir que hay emoción en su obra", se decía en el catálogo de tu exposición de Bellaza Gallery (Bilbao).

Le agradezco mucho a Naiara que escribiera esas palabras. No sé qué decir, siempre he intentado que mi trabajo nazca desde la emoción, más concretamente que mantenga una parte de emoción y una parte de razón. Al final lo que me emociona a mí -y que utilizo a la hora de crear- seguramente será algo que inevitablemente emocione a otra persona, creo.

Y esto nos viene que ni pintado para dar pie a nuestra pregunta favorita. Por favor, redoble de tambor, ¿cómo definirías tu estilo?

Jejeje. Qué difícil esta pregunta... Creo que el estilo se va definiendo con el tiempo. Cuando comencé con la ilustración inevitablemente empecé a fijarme en la gente que admiraba como ilustrador. Fui recogiendo aquello que más me interesaba de ellos y a tamizarlo, buscando un lenguaje donde me sintiera a gusto y donde me identificara como creador. Con el tiempo el gusto va cambiando y vas modelando tu forma de hacer. Me parecería horrible si tuviera que ilustrar siempre de la misma manera. ¡Qué aburrido!

¿Y tu técnica favorita?

Ahora mismo me encuentro a gusto con el óleo. Será por mi pasado pictórico.



Entre tus temas recurrentes nos ha parecido encontrar lo volátil encarnado en nubes, plumas, aire, recuerdos, ideas...


Muchas veces me dicen que estoy en las nubes... Lo relaciono con esos momentos de lucidez que son volátiles, cuando vas andando en la calle y estás dando vueltas a una idea, a un proyecto y no te enteras de lo que pasa a tu alrededor. Estás metido en tu mundo y las imágenes vienen y van en tu cabeza.

Ya no queda mucho tiempo es el título de un libro inédito con tu padre Antonio, quien se ocupó del texto. Toda una experiencia. ¿Cómo fue el trabajo en equipo? ¿Os ha hecho entenderos mejor? A determinadas edades, cuando más podríamos comprendernos, parece que nos alejamos... ¿Momento freudiano?

Fue mi proyecto final de carrera. Arnal Ballester, que fue mi tutor del proyecto, me aconsejó que trabajara un tema que fuese cercano y que conociera. En una de las tutorías salió el conflicto que tenía con mi padre. No era nada traumático, simplemente en ocasiones teníamos diferencias y vi allí un camino interesante con el que trabajar.

El libro se compone de dos partes, una de ellas ilustra la infancia de mi padre y la relación con su familia y la otra parte corresponde a mi infancia y mi relación con él. Le pedí que me contestará a varias preguntas sobre su infancia y sobre su experiencia como padre, él acepto encantado y de sus respuestas fueron saliendo las imágenes que compondrían el libro. El texto que aparece en el libro son las respuestas que escribió mi padre a mis preguntas.



Cuentas una anécdota emocionante. El primer recuerdo que dices tener de tu padre lo sitúas en la cocina con 2 o 3 años. Dibujas en el suelo una cabeza humana, cuando tu padre se acercó y vio que habías dibujado las orejas a los lados del cuello. "David, mírame la cara y dime dónde tengo yo las orejas", te dijo. Tras observarle te diste cuenta de que las tenía entre las cejas y la boca... ¿Tu primera lección de dibujo?


Sí, mi padre siempre quiso dedicarse a la pintura y a los cómics. Por causas de la vida no pudo estudiar lo que quiso y tuvo que ponerse a trabajar muy joven, pero me transmitió la pasión por la pintura y los cómics. Tenía una colección muy buena, le encantaba Blueberry, de Giraud. Cada vez que llegaba su cumpleaños siempre caía algún cómic nuevo para regalarle. Tengo que agradecer a mi padre (y a mi madre) el haberme apoyado todos estos años para que pueda dedicarme a lo que me gusta… Hoy en día la lección que me da es "David, tranquilo, la carrera que ahora estás corriendo es de fondo; así que paciencia que todo llegará" y, bueno, aquí estamos, paso a paso.

¿Qué otros maestros o inspiraciones te vienen a la cabeza?

Como dije, me encanta el cine. De él me vienen muchas ideas. Las películas de Truffaut, de Fellini… Me encanta llevarme sus personajes a mis pequeños mundos. Como pintores e ilustradores me inspiran las pinturas de Hopper y de Magritte, las imágenes de Saul Bass y las viñetas de Sempé, y las instalaciones de David Bowen y Félix González Torres.



Inquieto, sin fronteras, en el mundo editorial has publicado un cómic infantil (Thule), de Arianna Squilonni, y has acompañado una antología hispanoamericana (Teide). Nos gusta comparar el oficio de ilustrador con el actor, por la posibilidad de saltar entre mundos, atmósferas y personajes bien diferentes. ¿Coincides o nos hemos pasado con el café?

Sí, sí, coincido. Pero diría aun más: somos actores, directores, diseñadores de decorados y vestuario, productores artísticos y montadores. Es lo bueno de nuestro oficio, todo depende de ti y de lo que tengas en tu cabeza. Todo es posible.

Has firmado varios carteles para compañías de teatro como The Hermit Hut Collective o los italianos de TeatrOnnivoro. Supone todo un esfuerzo concentrar el espíritu de una obra en una única imagen.

Ese es el mayor logro de un ilustrador, poder conseguir concentrar ese espíritu en esa única imagen. El reto es gratificante. A mí es lo que más me gusta de este oficio. Hay artes como el cine, el teatro, la música, la literatura que se valen del tiempo para darle ese espíritu a su obra. En la ilustración, como en la pintura y la fotografía, el tiempo es el instante; no hay una lectura ni una escucha tan prolongada por parte del espectador. Tienes que conseguir captar la atención en una sola imagen.



En otra pirueta diseñaste plantas que crecen de cosas para papel pintado y vinilos. Este es un campo en el que la ilustración es un arte más cercano aún. ¿Qué otros materiales o soportes querrías explorar?

En el futuro me gustaría acercarme como creador al mundo de los videojuegos. No haciendo concept art, sino más bien me interesan las posibilidades narrativas y artísticas que quedan por explorar en ese mundo. Cuando era un niño me gustaban los libros de la colección Elige tu propia aventura ( los de las tapas rojas de Timun Mas) donde podías elegir el camino a seguir. Dependiendo de la decisión que tomaras tenías finales alternativos. Ahora, con los libros interactivos y los videojuegos, creo que se podría profundizar en ese campo.

Entre manos tienes ¿Cómo se visten los pájaros?, con texto de Silvana d'Angelo, para Editorial A Buen Paso. ¿Cómo lo llevas? ¿Nos muestras algún anticipo?

Ha sido un regalo de texto que me ofreció ilustrar Arianna Squilloni. Ahora mismo le estoy dando vueltas al diseño del libro; quisiera que fuese una especie de catálogo sobre pájaros pero, al mismo tiempo, que hablara un poco sobre una época donde uno no podía ser ni expresarse como hubiese querido.

El texto de Silvana habla un poco de eso, del traje que nos han obligado a vestir y de cómo existen otros trajes con los que nos sentimos más identificados. 



Cotilleando en GoogleLand, hemos encontrado a un tocayo tuyo que se dedica al espeleobuceo, las técnicas descompresivas y el buceo con gases. Nos ha parecido un paralelismo curioso y, en algún sentido, convergente. ¿Tal vez un heterónimo de Pessoa? De acuerdo, es el último café del día.

Jejeje. No estaría mal, ¿no? Al fin y al cabo los dos somos exploradores y eso tenemos en común, pero no soy tan valiente como para meterme ahí dentro. Me quedo con la tranquilidad de mi estudio y una buena taza de café.



En un par de palabras (o casi)

Tres cosas que haces antes de ponerte a dibujar. Café, poner música y ordenar mi escritorio.

Una excusa para levantarte de la mesa cuando la inspiración pierde el metro. Salir a la calle. Andar, andar y andar.

En una excursión por el arco iris te permiten llevarte un color a casa. Elige... Un color fetiche que se llama Azul Prusia.

¿Tu primer libro recordado? Un Pop Up del que no recuerdo el título, pero que trataba de un monstruo verde que iba tras su princesa en un castillo encantado...

¿Una ciudad para perderse? ¡Bilbao, hombre!

¿Alguna lectura interesante? Sinuhé, el egipcio.

¿Con qué personaje literario te irías de cañas? Con el capitán Hook.

Una historia para ilustrar... Gizona bere bakardadean (El hombre solo), de Bernardo Atxaga.

Si pusiéramos banda sonora a tus ilustraciones... Algo tranquilo y psicodélico al mismo tiempo, una mezcla entre Connan Mockasin y Nick Drake.


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