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¡Bienvenido, Diego Fournier!

La curadora Erika Martin afirma que la propuesta visual de Diego Fournier "fortalece la idea de su capacidad para contar una historia y de la síntesis gráfica de la misma. Tanto como diseñador, como pintor o como autor de cuentos para niños, Fournier demuestra que la brevedad es amiga de lo perfecto y edita y sugiere formas simples, lúdicas y concretas que le permiten eficacia a su discurso visual". 
¿Te identificas con las palabras de Martin?

Claro, mi trabajo tiene toda la intención de ser un juego, lúdico, de atreverse a equivocarse y evidenciar ese error, pues soy un humano que se equivoca. Me gusta que se vean las rayas de extremidades fallidas y luego dejarlas sin color, pero evidenciarlas pues esas dieron forma a las correctas, sugerir formas simples, salirse de las líneas, ruido, rayas, todo eso da carácter. Una vez un compa me decía "tus dibujos demuestran que sos malcriado".

"Mi estilo es no tener estilo". ¿Nos lo explicas un poco más?

El estilo es un proceso muy largo que se desarrolla con el hábito constante de dibujar. A mí, en lo personal, nunca me ha interesado tener un estilo propio o definido. Soy cambiante, y me gusta explorar diversos lenguajes. Cuando ya siento que estoy agotando una estética me voy por otra o simplemente comienzo a trabajar sobre otros códigos y lenguajes por pura diversión.

Después de un tiempo me he dado cuenta de que alguna gente reconoce mi trabajo fácilmente y me dicen que se ve que es mío, pero ese "mío" fue sin ninguna pretensión de estilo. Imagino que debe existir una memoria muscular a la hora de ejecutar un dibujo, que se va guardando cosas para siempre, como un código genético de dibujar. 

Quizá algo de esto se explique del eclecticismo pop de influencias que sueles comentar: la televisión y las caricaturas, Vaca y Pollito, Dexter, Samurai Jack, Johnny Bravo, Bob Esponja, Rent y Stimpy, Flap Jack, Regular Show, Rocko, Ashley Wood, Gorillaz, Akira Toriyama, los juguetes de McDonald’s, la revista MAD, el street art...

Las influencias vienen de todo. De niño pasé muchísimas horas frente al televisor, viendo caricaturas solamente. Por suerte, me tocó vivir en aquellos dorados noventa, llenos de grunge. Todo eso fue quedando en mi cabeza, me pasaba los días dibujando a los personajes de mis caricaturas favoritas como cualquier niño.

Luego ese mismo lenguaje de caricatura gringa fue dándole forma a mi estética y, ya mas grande, comencé a analizar eso con mas conciencia. Siguieron llegando de revistas, la calle, el skateboard. Cuando tenia trece años la moda del skateboard estalló en Costa Rica y me hermano llegaba a la casa con revistas gringas también, yo las veía con todos esos colores, diseños increíbles de caricaturas y todo eso se me fue quedando, antes del boom de internet.



Defines tu proceso creativo como "salvaje e instintivo", pero se te ve un tipo tranquilo.

Dibujar sin pensar tanto, más bien sintiendo, dejando que esa memoria muscular se haga cargo de las formas, salvaje en color sin miedo a equivocarse, jugar es ser libre, es ser salvaje. Por eso el eslogan de Oso Editorial es "libre, salvaje, desnudo". Soy un tipo tranquilo entre muchas otras cosas, como todos.

Te recuerdas como "ese niño que coloreaba por fuera de las líneas". ¿Fue duro contravenir al sistema?

No era duro, siempre me dieron mucha libertad. Mis padres me apoyaron desde siempre con la idea de dibujar ya que mi papá es músico y a los siete años me metieron a un conservatorio de arte, el Conservatorio de Castella. Desde niño he tenido una educación muy libre, nos dejaban ser y expresarnos como quisiéramos, salir, correr, ir a los matorrales, cafetales, ríos, jugar, divertirnos. Ahí no solo me enseñaron sobre artes plásticas, también música, teatro, danza, literatura.

¿Qué les dirías a esos niños que se resisten a seguir ese tipo de convenciones?

Resistirse es la lucha misma de la vida, que hagan lo que realmente quieren, ya sea dibujar o cualquier otra cosa, que se exploren, experimenten, busquen libertad de pensamiento y expresión.

Proveniente de una familia de músicos, ¿cómo fue crecer en un entorno artístico?

Me encanta la música y he estado en contacto con ella desde que tengo memoria, mis primeros recuerdos eran de los conciertos de mi papá porque nos llevaban a todos los que podían. Luego, mas grande, escuchaba los ensayos de mi padre, hermanos, compañeros del colegio. Yo mismo estudié piano y percusión muchos años, integramos coros y ensambles con mis amigos. Esos amigos del colegio siguen estando ahí y con algunos de ellos hemos inventado muchas canciones de diferentes ritmos latinoamericanos, historias de cosas que nos pasan. Es el mismo juego de dibujar, cantar, bailar. Todo en la vida es el mismo juego.

Todo comenzó en el colegio, escena clásica de un muchacho que le gustaba dibujar entre clases y que documentaba los chistes de sus compañeros.

No era una escena clásica. El conservatorio era de clases académicas por la mañana pero, por las tardes, me iba a pintar y tenía clases de escultura, acuarela, oleo, música, teatro, danza. Nos escapábamos a jugar también.

Comparas dibujar con jugar...

Como decía, todo en la vida es el mismo juego, no sólo dibujar. El placer puede estar en jugar a la pelota, cantar, bailar, correr, explorar. Nos gustaba mucho meternos en los cafetales o matorrales e inventar historias de mitos o animales sagrados.

Ese mismo juego de creatividad se traducía a todo lo demás que te gustara, de sentir libertad de expresión. Claro que, cuando éramos niños, no teníamos conciencia de eso, pero era algo que estaba pasando y tiene mucho que ver con la forma en que se usaba el arte como un medio para formar personas libres y felices en ese lugar.



Siempre te acompaña un cuaderno que, desde hace un tiempo, archivas convenientemente numerados. ¿Por cuál te llegas?

Actualmente estoy en el #21. Me gusta el #9. Es bien importante para mí. En ese cuaderno comencé a usar plumones por primera vez y los cuadernos se llenaron de color. Antes de eso usaba acuarela y lápices de color pero, si ves los cuadernos, les falta fuerza, gesto, color. Los posteriores se vuelven coloridos, ruidosos, la fuerza del plumón, el gesto y la velocidad que ofrecen le fue dando mas libertad a mi dibujo y se fue transformando. En el mismo #9 se nota una gran transición en el lenguaje y uso del color. 

¿Los expondrás algún día?

Ya los expuse en una galería este año. Estaban en una vitrina, abiertos en una pagina especifica para cuidar los cuadernos. Eso hizo que la experiencia de ver el cuaderno y tocarlo se perdiera.

Hay mucho juego en ellos, paginas que se despliegan, pestañas, juntar, voltear, encontrarse con otro dibujo construido a partir de las manchas del plumón anterior. Todo eso tiene que poderse percibir para la exposición apropiada de esos cuadernos. Creo que la verdadera forma de exponerlo es hacer una edición del mismo y que el espectador lo pueda tocar y manipular, es algo que planeo hacer en el futuro.

¿Desde hace cuánto llevas cuaderno?

El #1 es de los diecisiete años (2006) pero, en realidad, el hábito de cargar siempre con el cuaderno y tenerlo con esa conciencia de mantenerme dibujando llega con el #8, en 2010, y ha resultado conveniente para mantenerme ocupado. Con el pasar de los años los lleno mas rápido, solo en 2015 hice cuatro.





Probablemente pudiéramos trazar tu biografía recorriéndolos. ¿Qué conservan los actuales respecto a los primeros? ¿Qué se quedó en el camino?


Los veo y veo constantemente. Me ayuda a visualizar los procesos, cómo se van construyendo, qué posibilidades tienen. Hay muchos personajes recurrentes.

Fausto, el zorro viajero es uno de mis favoritos. Existe desde hace cuatro años y, en ese tiempo, se ve a través de los cuadernos, en diferentes estilos, colores, situaciones. Me gusta explorar los personajes, exponerlos a diferentes situaciones y, si resultan, podría ser algún capitulo si no lo descarto pero, a veces, esas ideas sirven para otros proyectos.

Así como Fausto hay otros personajes, ejercicios recurrentes como dibujar en las calles, textos de posibles cuentos y cómics, storyboards de cortos que nunca hice. Esas ideas están ahí y en cualquier momento podrían salir a la luz.



¿Qué te da el cuaderno? ¿Por qué lo usas?

Comencé a usarlo cuando estaba por terminar la universidad. Había comenzado a dibujar desde niño en la escuela y siempre tenía deberes, entregas de dibujo, acuarela, pintura. En la universidad, lo mismo.

Tenía miedo de que, al no tener proyectos definidos, perdiera el hábito de dibujar, por lo que decidí cargar el cuaderno conmigo y lo convertí en mi mayor compromiso. Con él tengo el pacto de trabajarlo todas las semanas, de dibujar lo que sea. Si no se me ocurre nada, salir a la calle y hacer unos paisajes, retratos, bodegones, pero dibujar y ser constante.

Sin darme cuenta se convirtieron en la fuente de todos mis proyectos personales. En ellos están archivados todos los cuentos que he escrito, personajes que voy inventando. Ahí mismo se van desarrollando, van adquiriendo personalidad y luego forman parte de historias.

Saco referencias cuando me ocupo en diseñar algo. Por ejemplo, si tengo que dibujar una fachada, un animal, un auto... voy a mi cuaderno y reviso los dibujos anteriores que he hecho de ese tema en particular y me sirven de referencia bibliográfica. Actualmente me propuse dibujar plantas para conocerlas mejor.

¿Eres un voyeur vocacional?

Claro, pero eso es sólo otro juego dentro del dibujo. Salir a la calle observando, poniendo atención a los detalles y dejando que el mismo entorno me vaya diciendo qué dibujar. A veces salgo con una idea de lo que quiero pero la calle es la que me dice de qué color va la camisa o si lleva un peinado en particular, cómo es la cara o con quién va, el fondo de una escena. Otras veces veo cosas que me gustan en la calle y luego regreso a dibujarlo.

¿Esos apuntes luego terminan en otros trabajos o proyectos?

Van desde los bocetos de encargos como carteles, murales, ilustraciones… hasta  ideas de proyectos personales ya sea de cómics, posibles cuentos, libros, fanzines, cortos animados... cuando tengo la oportunidad de usar uno, ya sea en un trabajo o una convocatoria, lo saco y lo uso. A veces pasan años. En otros casos, en poco tiempo, ya los usé.

En ese continuo juego has participado en diseños como los de "FRIQS, peluches bien feos", ¿qué puedes contarnos?

En un proyecto de la universidad hice unos pescados de peluche rellenos con papel. Me gustó tanto que comencé a hacer más muñecos con una amiga y los vendíamos en ferias y tiendas. Funcionó por un tiempo, pero luego quise hacer otras cosas y lo dejé.



...o el diseño de un vaso de jugos para la marca Cosechas. ¿Cómo afrontaste ese reto?

Me emocionó saber el alcance que iba a tener con la gente común, porque los batidos se mueven en la calle con la gente normal, a la que no le llegas tan fácilmente. Quería hacer algo que reflejara la cultura local tica y me agarré de la idea de la comparsa. Luego entra el juego de nuevo y cambiar las personas por las frutas de los batidos, darles personalidades según la fruta.

¿Qué es Teddy-Boy? ¿Cómo nace? ¿Qué encontramos con esa marca?

Actualmente se llama Oso Editorial, es mi proyecto de autopublicación. En algún momento me di cuenta que mis cuadernos estaban llenos de historias y apuntaban hacia muchos lugares. Así nació. A través de Oso comencé a publicar esas historias que tenía guardadas, producir calcomanías y dibujos originales, tarjetas postales, carteles. Todo siempre relacionado con las historias. La primaveral y Retratos playeros son algunos libros que se han publicado, en un formato de edición limitada, ensamblados y cosidos a mano, todo hecho en casa, bajo el perfil que me interesa darle.




Has ilustrado en vivo en varios conciertos. ¿Qué se siente al pasar de la soledad del escenario al bullicio del escenario con el público delante?


Me gusta y es algo a lo que estoy acostumbrado desde niño por el colegio, pero prefiero poder trabajar en un espacio tranquilo sin saber que me están viendo.

Casi siempre llevo un plan de lo que voy a hacer. La gente espera ver algo de calidad, por lo que prefiero planificarlo. A veces pinto en vivo, pero también he mezclado imágenes, como un DJ, ¿sabes?

¿Qué música te inspira?

Toda. No me gustan los géneros. Prefiero escuchar algo y determinar si me gusta o no, y así voy conociendo cosas nuevas. Algunas bandas: Gorillaz, Cadillacs, Tv on the radio, Björk, Radiohead.

En tu hiperactividad, junto a otro socio, abriste una tienda nocturna de diseño dentro del bar El Sótano. ¿Cómo fue la experiencia?

Es de esas cosas que siempre sueñas con hacer. Ahí conocimos muchos proyectos nuevos de diseño y gráfica en Costa Rica. Nuestro trabajo se visibilizó más que nunca. Creamos redes que, a la fecha, se han desencadenado en proyectos e ideas. Ahí mismo comenzamos un proyecto de grabar sesiones de cantautores costarricenses junto a talleres de gráfica, publicaciones propias... La tienda duró año y medio y cerró por varias razones, pero quedaron proyectos que nacieron ahí y siguen funcionando, como el de las sesiones de música.

Les dejo el enlace para que conozcan el puro sabor tico.

Sueñas con pintar el mural más grande y reconoces que, cuando lo alcanzas, buscas un muro más grande. ¿Demasiado inconformista?

No, con ganas de avanzar nada más.





¿Por qué ese interés por los murales?


Pinto desde siempre porque me gustó desde que lo descubrí, la sensación de la pintura cayendo por la gravedad, las manchas, la vibración de los colores me satisface y me da felicidad, luego comencé a hacerlo como un oficio.

¿De qué murales te sientes más orgulloso?

Tenía un dibujo preferido durante meses: La revancha del mandril. Unos amigos me pidieron pintar una pared en su bar y lo hice. El reto era lograr esas aguadas del plumón y el gesto del bolígrafo en la pared. El resultado fue mejor de lo imaginado y, desde entonces es mi favorito, pero siempre será superado. Me siento orgulloso de muchos. Sobre todo de los que me enseñan cosas, técnicas, posibilidades, los que representan un reto.





¿Encuentras en los murales un componente de implicación social o meramente estético?

Es que lo social y lo estético van de la mano. Si una pared decora un entorno lo va a cambiar y las personas que lo habiten van a apercibir la diferencia, pero también sirve para dar discurso. Me interesa transmitir mensaje positivo en los murales, incentivando a la imaginación, la mía y la del espectador.

Animación, autopublicación de fanzines y libros de artista, mural, cartel, cómic... ¿No hay límites?

La imaginación y la creación no tienen limites. ¿Por qué quedarse en un solo lugar cuando podemos explorar todas las posibilidades? Y son infinitas. Me gusta conocer nuevos medios, plataformas sobre las cuales construir historia, es parte del juego.





Dices que te gusta dibujar perros, ¿cómo es eso? ¿alguna raza especial? ¿Qué te inspiran? ¿Por qué?


Me gusta porque los dibujas sin que se den cuenta, se mueven en cualquier momento y tenés que resolver rápido o recordar, esperar que se ponga igual o interpretar a partir de lo que ves. Es un reto. Luego, con el tiempo, ya se fueron convirtiendo en personajes y esos desencadenaron en historias. Actualmente trabajo en un libro llamado Vida de perro.

¿Y qué opinión te merecen los mininos?

Me encantan. De hecho, no podría tener un perro propio, pero he vivido con varios gatos. Al igual que los perros, me encanta dibujarlos y pasó lo mismo. Hay series de dibujos dedicadas a mis gatos.



En un par de palabras (o casi)...

En tu mesa de dibujo no falta... Plumones, bolígrafo, cuaderno, algún muñeco, dibujos en la pared.

¿El mundo se divide entre quienes toman café o té? No soy fan de ninguno de los dos, pero prefiero el té.

Tres cosas que haces antes de ponerte a dibujar. No soy una persona de hábitos.

¿Recuerdas tu primera ilustración? No.

¿Y la primera que viste? Tampoco.

Una ciudad para perderse... México. No conozco tanto del mundo por ahora.

Ese color díscolo que nunca encajas... Azul ultramarino.

¿Tu primer libro recordado? Tom Sawyer, me encantaba.

¿Con qué personaje literario te gustaría salir de paseo? ¿El monstruo del pantano califica?

Una historia para ilustrar... El libro de la selva.

Pon banda sonora a tus dibujos. ¡¡Hip hop!!






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