pencil ilustradores
facebook twitter googlePlus linkedin youtube vimeo instagram flickr pinterest rss
Todas las novedades

Antes del primer día

El fruto del Premio Internacional de Ilustración Feria de Bolonia-Fundación SM (2016) concedido a Juan Palomino ha madurado en Antes del primer día, relato mitológico maya que narra la creación del mundo.
Juan nos habla del desarrollo de este apasionante proyecto en esta conversación...

¿Cómo fue la noticia de ser premiado?

Inesperada. Ya estaba feliz de haber sido seleccionado y no pensaba recibir más noticias, sobre todo, porque, a un par de días de la entrega del premio, suponía que ya hacía tiempo que habrían definido al ganador.

Pasada la euforia inicial, ¿sentiste vértigo al sentarte a trabajar?

Sí, totalmente. Creo que lo más preciso sería decir que a la euforia siempre la acompañó el vértigo. No había pensado mucho en lo que implicaría ganar un premio así porque no tenía esa expectativa. Cuando pasó, sentí alegría mezclada con vértigo, justamente. De pronto tenía la atención de un montón de gente puesta sobre mí, la misión de definir y terminar un libro a lo largo de lo que quedaba del año y muchas expectativas, mías y ajenas.

¿Cómo decidisteis el tema del libro?

En principio el ganador elige un cuento popular de su país para hacer una adaptación al libro álbum. En mi caso, después de varias propuestas que no funcionaron, pensamos que, más que un cuento, un mito podía ser buena idea.

¿Por qué esa elección y este mito en concreto?

Por un lado, los cuentos que leí y que consideré para adaptar no funcionaban muy bien en el formato de libro álbum. Quizá esto sea falso, pero yo no los podía imaginar funcionando bien, tal vez por cómo está construida la narrativa, que es muy secuencial.

También había problemas con la cuestión del tono de los relatos. Muchos de los cuentos populares mexicanos, como los de otros países, tienen un ingrediente de violencia que no iba con el público al que van dirigidos estos libros; aunque algunos me gustan mucho, preferí no elegir ninguno a verme obligado a suavizar la historia.

Finalmente, desde hace ya varios años tengo un interés especial por los mitos y por lo que estos nos pueden decir de nosotros y de la manera que habitamos y experimentamos el mundo. Creo que el tiempo y algunas malinterpretaciones históricas y culturales nos han hecho perder de vista la verdad que solo se puede encontrar en una narración mítica.

Me parece que hay que buscar formas de leerlos, y de contarlos, que nos permitan volver a vernos reflejados, de algún modo, en ellos, y en el camino comprender la diversidad de formas de interpretar la realidad que tienen o han tenido otras culturas.

En el mito que cuento hay también violencia, pero esta es de un tipo especial, cósmico, que no tiene que ver con la violencia gratuita actual que vive mi país, por ejemplo, sino que explica una manera de comprender las grandes transformaciones del universo y que da cierto sentido a nuestra existencia en él.



¿Cuál es el tema del que nos habla?

El principio del mundo según el Popol Vuh, un libro en el que los mayas K’iché’ de Guatemala conservaron su conocimiento y sus creencias durante la colonia española. En la parte que elegí, narro cómo las deidades creadoras formaron el mundo en distintas etapas, que culminan con la creación de los humanos, criaturas destinadas a darles sustento.

¿Qué te atrae de esta historia?

Lo interesante de esta cosmogonía, a mi juicio, es que representa la manera en la que los mayas concebían el lugar de los humanos en la creación, su mutua dependencia con los dioses y su relación con la naturaleza, con las plantas y los animales.

En ese camino se explica, por ejemplo, por qué los monos y los humanos nos parecemos pero también somos diferentes; también se describe la importancia del maíz como el alimento sagrado que nos da sustento y que es, de hecho, la materia de la que estamos formados.

Finalmente, hay dos cosas que me gustan particularmente: la primera es que los dioses crean el mundo a partir del diálogo, lo crean hablando, con palabras. Y la otra es cuando, al final, los dioses se dan cuenta de que los humanos, su última creación, conocen tanto como ellos y ponen en riesgo su poder. Entonces deciden nublarles la vista para que solo puedan conocer lo que tienen cerca.

Esto me parece una forma muy bella y reveladora de expresar nuestra más íntima experiencia de la existencia, en la que participamos de la sustancia divina, al mismo tiempo que vivimos entre la incertidumbre y el miedo.

Háblanos de la redacción del texto...

Usé un par de traducciones del libro, la de Adrián Recinos y la de Michela Craveri, y con ellas planteé primero una secuencia de imágenes que me permitiera contar, de forma muy sintetizada, lo que pasa en esa parte del texto, para luego hacer una narración nueva que conservara algunas de las formulaciones originales, cercanas a la oralidad y a su carácter intrínsecamente poético.

En este proceso busqué la asesoría de investigadores que me ayudaran a comprender los aspectos más oscuros o lejanos del texto, no porque tuviera como objetivo el rigor académico pero sí quería conservar, y expresar, el espíritu profundo de la historia.



¿Qué te decidió por una técnica y un estilo concreto de ilustración?

Como ya he ilustrado otros libros de mitos, la primera decisión que tomé fue distanciarme radicalmente de las soluciones estilísticas y técnicas que tienen esos libros. También pensé que sería interesante tratar de reflejar la fuerza de una narración mítica a través de una técnica muy distante de lo plástico, hacerlo a través de formas y recursos claramente digitales, que marcaran un contraste con la antigüedad del texto para actualizarlo, y para acercar esta narración a un público contemporáneo e internacional.

¿Cómo fue tu proceso?

Después de hacer la adaptación de la historia, pensé las imágenes en términos muy generales, sin hacer un bocetaje detallado. Fue un proceso orgánico, de algún modo. No planear cada detalle me permitió jugar bastante con las composiciones y las formas de los animales y de los personajes. De este modo, tuve oportunidad de hacer ilustraciones más complejas que las que acostumbro, porque no tenía control total de los elementos que las componían, y cada cosa que dibujaba determinaba a las demás.

¿Te sientes un ilustrador diferente tras la experiencia? ¿Qué te ha aportado?

Cada proyecto intento enfrentar alguno de mis límites, al mismo tiempo que intento trabajar dentro de otros, explotándolos. En mis otros libros de mitos intenté producir imágenes plásticas, cercanas a la estética y los colores de la tradición mexicana, pero en este preferí partir de mi forma natural de dibujar, más contenida y definida, pero buscando hacer composiciones más complejas, cosa que generalmente evito. El objetivo ideal era lograr imágenes que al mismo tiempo fueran lejanas a la manera en que se han ilustrado este tipo de historias, pero conservando la fuerza y el misterio de la narración mítica.

No sé si soy un ilustrador diferente ahora, pero la experiencia de hacer un libro en casi todas sus dimensiones fue muy enriquecedora. También lo fue la retroalimentación con la dirección de arte de SM y presentarlo a un público tan diverso e involucrado en la literatura infantil en una feria como la de Bolonia.



Precisamente, ¿qué tal fue la presentación en Bolonia?

Fue mi primera vez allá. Todo era nuevo. Y, aunque sabía que sucedería, fue sorprendente ver la exposición de mis ilustraciones a la entrada de la Feria, y personas de muchos países observándolas. Creo que el mayor reto para mí, en el momento de la presentación, era poder transmitir ideas que podrían parecer muy locales, muy ligadas a mi cultura, a un público internacional.

¿Qué destacas de la experiencia de ‘enfrentarse’ al público con tanta expectación?

Quizá lo más sorprendente de todo es que tanto el libro como las imágenes fueron, según me dijeron, muy bien recibidos. Esto significa, espero, que logré hacer un libro interesante y atractivo, pero también que no solo los lectores latinoamericanos están interesados en leer historias de las culturas de la región, y que esos otros públicos pueden encontrar alguna forma de resonancia en ellas. Creo que eso fue lo más gratificante.


IMÁGENES RELACIONADAS