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¡Bienvenido, Antonio Sánchez!

Los flechazos existen. Las ilustraciones de Antonio Sánchez nos impactaron desde que vimos una pequeña muestra en nuestro curso de Domèstika. Y aún más nos sorprendió la modestia para presentarlas. Juntos construimos un portafolio que ha acabado integrándose en la agencia. Corremos el riesgo de repetirnos pero nunca nos cansaremos de decir que, en nuestros talleres y encuentros, siempre tenemos la fortuna de regresar con más de lo que llevamos. Y este es un ejemplo claro. ¡Cuánto talento por el universo! ¡Y cómo disfrutamos descubriéndolo y apoyándolo!
Contar historias es una inquietud permanente de Antonio. Cada imagen nos sumerge en un espacio propio de infinitas lecturas, ya sea una ilustración publicitaria o editorial. Su poso (de café, probablemente) revolotea con la virtud de esas voces que te hablan directamente. Sin intermediarios. Dejemos de enrollarnos y que hable directamente él. ¡Bienvenido a tu casa, Antonio!

Una cita de Vladimir Khosta preside tu web: "De todas las aventuras ninguna es comparable a la vivida por uno mismo".

Cuando era niño vivía enamorado de las grandes aventuras de piratas, espadachines y aventureros en los libros, cómics y películas que devoraba, pero me di cuenta de que, viviendo mis pequeñas aventuras personales, insignificantes si quieres, llegaba a un punto de contento como no me aportaba ninguna otra cosa. Es, en definitiva, la valoración de las pequeñas cosas, esas que de verdad te llenan de felicidad.

Te defines como autodidacta por vocación. ¿Cómo comenzaste?

Dibujando los personajes que me gustaban de los tebeos que leía. De Tintín al Principe Valiente, de Richard Corben a Juillard. Poco a poco fui dándoles algo de mi propia identidad y añadiendo aquellos personajes que no veía en los libros y me gustaba que tuvieran un hueco en mi imaginario particular.

La experimentación es una constante en tu trayectoria. ¿Cuáles serían tus mayores logros o errores?

Cuando se trata de experimentación el porcentaje de error es tan elevado que es imposible cuantificar o valorar siquiera los pequeños logros. El mayor logro siempre es la misma experimentación, la prueba constante. Eso es lo que va haciendo que tengas un cierto bagaje cuando menos técnico o práctico a la hora de decidir qué y cómo hacer una ilustración.

Trabajas con diferentes técnicas, ¿qué destacas de cada una de ellas?

Parto de la premisa fundamental de que la técnica no es más que un medio para llegar a mostrar lo que me interesa contar. De otra manera, carecen de sentido para mí. Cada técnica te aporta y muestra de ti cosas muy diferentes, lo interesante es conseguir que todas ellas, sea cual sea la utilizada, al final confluyan en un mismo fin, una ilustración que te haga temblar un poco los pelillos de la nariz.

En las técnicas que más me he asentado -como lápiz, lápices de colores o digital- las dos primeras me aportan la calidez, la mesura, la templanza y cuidado en cada trazo, lo delicado. Son tremendamente anímicas para mí. La tercera me abre un universo infinito que me permite ir generando "ilustraciones evolutivas" de una manera inimaginable, aparentemente más fría y ajena pero tan cálida y personal como las otras dos.



En todo caso, todas ellas se resumen en una "inquietud permanente de contar historias"...

Sin duda. No me vale ninguna técnica o ningún medio si no es capaz de conducirme a ese objetivo fundamental. Creo en el hecho de compartir más que en transmitir, de poder generar esa complicidad con otra persona a través de los propios sueños y que  lleguen a converger y el lector pueda sentirse contagiado, identificado o entretenido al hacer suya la historia.

Pensabas que no iba a llegar la dichosa preguntita pero... ¿podrías definir tu estilo?

Cuanto mayor me hago, menos me interesa. De joven me debatía mucho en ese sentido y creo que se genera una ilusión distorsionada de lo que es en verdad el estilo. El estilo es algo que, aun sin ser muy conscientes de ello, siempre está ahí, va cambiando, va adaptándose y evolucionando según lo vas haciéndolo tú, constantemente.

No me fijo mucho en ese aspecto obsesivo. Algunos defienden que el estilo es que todo el mundo reconozca mi obra tan sólo viendo la esquina de una de mis ilustraciones. Es como el carácter. Muchos confunden el carácter con el mal genio. Con el estilo sucede algo similar.

Creo que el haberme dedicado durante mucho tiempo a la publicidad, donde muchas veces te ves obligado a prescindir de formas personales de ilustrar o a adoptar maneras ajenas, ha favorecido que vea el estilo como algo no tan personal como otros ilustradores.

Si de alguna manera he de definir mi estilo, siempre suelo inclinarme por ser una forma de interpretar con cierto toque de surrealismo onírico lo que por las mañanas no me da tiempo a recordar después de haber soñado, ponerme las gafas y tomar el primer café.

¿Cómo te influye la vertiente de diseñador?

El diseño gráfico, en este caso, más que influir me ha enseñado a discernir lo que el cliente cree que quiere y lo que yo creo que en verdad necesita.

Dedicaste muchos años a la ilustración publicitaria. ¿Qué destacas de esta experiencia?

La versatilidad. La forzosa necesidad de adaptarte a las exigencias del cliente y a ser resolutivo en poco tiempo con resultados dignos. Es una magnífica escuela para hacer "mano" y desarrollar un poco la facultad que todos tenemos de interpretar y reflejar una idea o un sentimiento.



¿Y qué recomendarías a quienes se inicien en este sector?

Que no se rindan jamás. Si crees en ti mismo y en tus posibilidades antes o después podrás hacer lo que te enamora. Fundamental, ser honesto con tu trabajo y con la gente con la que trabajas e intenta siempre dar lo mejor de ti en cada proyecto. Y respetar siempre el trabajo de los compañeros.

Los relatos clásicos te chiflan, ¿qué tienen frente a otras historias?

El toque de la nostalgia y el aroma de la infancia.

 Andersen, Poe, Henry James, Julio Verne... ¿Cuál es tu favorito?

Todos en algún momento. Poe, sin duda, fue capaz de desnudar su alma de tal manera que se convirtió en género y su genio literario tiene la capacidad de inundarte el corazón.



¿De qué fuentes bebes?

Literarias, las comentadas. Del mar hipnótico y del bosque encantador, de la música -según el proyecto en el que trabaje-, de otros ilustradores, tan diversos como maravillosos y también de mi propio estado anímico. Paso sin transición de Andrej Dugin a Gris Grimly o Norman Rockwell. De Caravaggio a los iluminadores medievales, de Miyazaki a Parrish.

¿Cómo abordas un trabajo editorial?

Lo primero y a fuerza de costumbre, esencial, con miedo. Cuando ese miedo se ha convertido en un cosquilleo en la barriga paso a la fase reflexiva. En esto sí soy metódico, pienso demasiado, analizo el proyecto... Si es un libro o un álbum lo leo varias veces. Si es una adaptación leo la versión original pero sin que llegue a desplazar a la obra encargada y dejo que se vaya asentando en el subconsciente.

Durante este proceso, que puede durar algunos días dependiendo de los plazos de entrega, no toco el lápiz en ningún momento, los dibujos se van formando en la mente. Esas imágenes necesito que pasen a tomar estado anímico y me puedan, de una manera u otra, tocar el corazón. Y, no sé muy bien cómo, me llevan al momento del dibujo en sí, casi sin darte cuenta sabes que tienes que coger el lápiz ya.

Dibujos más o menos elaborados, garabatos o líneas que van asentando el círculo del proyecto. Creación de bases de los personajes, decoupage, etc. Siempre comienzo con dibujos a lápiz aunque el resultado sea digital. ¡Es importante!

Elaboro las "bases" y paso al ordenador donde, partiendo del lápiz, voy generando la ilustración poco a poco. A veces, con mucho detalle, con mucho cuidado, y dejo que vaya evolucionando hasta que llega el momento de "abandonarla" y pasar a la siguiente hasta que se genera un círculo en el que consideras que está el trabajo cerrado y lo dejas ir.

Próximamente publicarás Hermana Gata (Editorial Cosquillas), ¿qué puedes contarnos de este libro y tu trabajo?

Hermana Gata es una nueva colaboración con la escritora Carmela Trujillo, autora con la que conecto muy bien y con la que tengo un toque de complicidad que hace que nuestras colaboraciones sean fantásticas.

Trabajar en álbum ilustrado siempre tiene un componente anímico añadido donde la ilustración adquiere un valor que me enamora. Saldrá en otoño con previsión de que sea un álbum destinado a un mercado navideño. De hecho, la historia gira en torno a esas fechas especiales.

Mi trabajo en este álbum no difiere de lo que he comentado anteriormente en cuanto a preparación de la obra y he tratado de conseguir un enfoque diferente de la Navidad, inaprensible pero constantemente presente, como en un plano paralelo.



¿En qué andas ahora?

Además de un buen número de proyectos personales que van entrando y saliendo del cajón intermitentemente, en fase más o menos avanzada, hemos terminado una novela corta de Carmela Trujillo, Y de repente, echándola de menos. En ella experimento un poco más en el trabajo en gris y profundizo en mi tendencia onírica.

También ando en un par de adaptaciones literarias en las que pretendemos dar una vuelta de tuerca a esta tendencia de adaptar clásicos y que, seguro, va a resultar un trabajo precioso. Y unas particulares visiones de cuentos clásicos.

¿Cuál sería el proyecto de libro por el que darías los dos riñones?

Ese en el que llevo mucho tiempo trabajando y paro y retomo a intervalos irregulares. En el que pretendo que el texto y la ilustración sean definitivamente una unidad y que algún día daré por zanjado.

Siempre decimos que un buen ilustrador editorial es, ante todo, un fantástico lector...

No necesita ser fantástico, con ser un lector constante y selectivo es suficiente. La falta de esa característica fantástica es lo que suplimos con los lápices.



En dos palabras o casi...

¿Ser feliz es aburrido? No te creas, ser pobre ayuda.

¿Encontraremos vida en Marte? Confío que se escondan al vernos llegar. Los humanos tenemos la facilidad de romper todo lo que encontramos.

La tortilla de patata, ¿con o sin cebolla? Mientras esté cuajada, no hay problema.

En tu mesa de dibujo no falta... Cariño.

Tres cosas que haces antes de ponerte a dibujar... Pensar, café, pensar.

Te inspira...  La lluvia fina en la hierba.

¿Tu primera ilustración recordada?  Una que debiera haber olvidado hace tiempo y se resiste.

¿Qué película o serie nos recomiendas? No recomiendo películas, después todo son reproches.

¿Qué libro estás leyendo? De repente, el último verano, de Tennesse Williams; Tiene que llover, de Karl Ove Knausgard; y  La biblioteca mágica del profesor Marloc, de Daniel Hernández Chambers.

¿La mejor hora para leer? La noche.

Ese color díscolo que nunca encajas... Al final, acaban encajando.

Una historia para ilustrar... Washington Square.

Un soporte o campo en el que experimentar... El efecto de la luz sobre elementos dimensionales combinados con dibujo. Por ejemplo, papel estrujado y diversas luces en distintos ángulos.

Pon banda sonora a tus dibujos. Eusa, de Yann Tiersen.

No podrías vivir sin... Sin comentarios.


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