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Quiero una ballena

"Mi madre y yo no tenemos la misma idea de lo que es una ballena". Con esta contundencia empieza Quiero una ballena, una historia de NiñoCactus ilustrada por Cecilia Moreno y editada por Savanna Books.
El relato continúa este conflicto de opiniones con un gran sentido del humor que se centra en las tremendas medidas de estos mamíferos marinos por los cuales la protagonista del cuento siente una admiración profunda. Afortunadamente, un final ingenioso confirma que todo es posible, incluso, tener una ballena como animal de compañía. Solo hay que intentarlo y poner en marcha nuestra imaginación.

El libro puede adquirirse en la tienda online de Kireei sin gastos de envío.

Quiero una ballena es "un ejercicio de adopción del comportamiento infantil que presenta una narración tierna e inocente alrededor del convencimiento absoluto que muestran los más pequeños a la hora de conseguir cualquier cosa, como por ejemplo tener una ballena".

La posibilidad remota de tener como mascota un animal como este, quizás no es tan complicada como algunos de los adultos nos empecinamos en creer. A pesar de la aparente imposibilidad de ciertos anhelos, parece que todo es posible con empujón, decisión y una buena dosis de creatividad, y así lo quiere hacer patente el escritor mediante el uso de un lenguaje sencillo y sin artificios que busca la complicidad de un lector infantil que tiene que estar atento tanto al texto como a las ilustraciones. Estas últimas son las encargadas de crear un relato visual paralelo que complementa y aumenta considerablemente la interpretación y el significado del relato.

Las ilustraciones de Cecilia Moreno, explian desde la editorial, "conjugan deliciosamente con este candoroso afán infantil, mostrando una plástica caracterizada por la presencia habitual de trazos sencillos y luminosas tintas planas que configuran escenas donde los personajes se mueven libremente, sin limitarse a las palabras. Se comprueba, pues, que Cecilia Moreno es una ilustradora que disfruta de la sencillez compositiva y de los colores transmisores de alegría y serenidad, por eso casi nunca usa el negro. Se trata de unas propiedades estéticamente atractivas y próximas al universo gráfico de los niños más pequeños que, además, acentúan el tono especialmente dulce y cariñoso de una historia entretenida que, finalmente, te lleva a confirmar que sí, quizás solo hay que pensar cómo y, al menos, intentarlo".
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